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Del caos a las letras

He cruzado el infierno en busca de alas y solo encontré dos pedazos de papel rasgado de algún cuadernillo olvidado. Los recogí del piso, tomé una piedra caliente. Mis dedos se quemaron, no lo niego, pero con esa piedra cargada de la culpa de miles de almas en pena pude escribir.

En esos dos trozos de papel redacté mi vida. Rifé una a una mis penas hasta que estuvieron todas dispuestas a salir, dispuestas a darse golpes y convertirse en letras.  Me permitieron unir los fragmentos de mí misma y darle paso a lo que en un futuro pudiese ser llamado arte.

Abandoné los formatos, las reglas, los dogmas y solo estuve con esa piedra y el papel, volcándome en espíritu como quien vomita hasta la bilis con tal de encontrar la salud perdida.

He decidido ser yo. He regresado a este medio sin salir de mi infierno solo para compartir con ustedes mi metamorfosis. Espero poder levantarme en medio de las cenizas y bailar, reírme de las brasas, cantar, pintar, escribir y SER. Anhelo que al final del camino estén ustedes a mi lado, celebrando los logros que juntos podamos construir.

Es por ello que los esperaré siempre con sus comentarios y aportes.

Con el mismo cariño de siempre,

Nicole.

 

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Carta abierta a todos mis lectores y a sus conocidos

Queridos Angmonios, estoy aprovechando un reposo médico que se ha prolongado para dedicarle unos minutos al blog. Sé que es pequeñito, pero estoy en conversaciones con amigos ilustradores, críticos literarios, de arte y de películas, historiadores, entre otros que quiero dejarlos como una sorpresa.

La vida en medio de las letras se torna hermosa, y permite opinar, sentir, crecer y VIVIR.

Es por ello que los invito a participar de esta renovación, enviando sus artículos. Todo estará a nombre que quien lo envía, haciendo esta salvedad para proteger sus derechos y para recalcar que este no es mi blog sino de todos ustedes.

Si tienen algún amigo que escribe pero no tiene tiempo, compromiso o ganas de tener su blog, háblenle de este proyecto que luego crecerá hacia otras redes, con muchas sorpresas que dependerán de ustedes.

Si desean participar o quieren más información, por favor me dejan un comentario aquí porque mi correo siempre está en colapso y nunca lo reviso bien.

Cuento con ustedes y su excelsa creatividad. Besos y abrazos.

El árbol caído

¡Qué noche! Llovió demasiado. Hubo centellas cayendo en el techo de mi casa (por suerte es de dos plantas uno pasó a mayores). Los malditos truenos no paraban con su trum-srh-pass… ¡Qué cristiano duerme así! Ni yo, hombre recio de campo, puede soportar tanto ruido del estado crepuscular.*

Dormí y algunas goteras seguían filtrando el agua. Total, amanecí con la cama hecha un charco.

Al levantarme, con mi pocillo de café en mano, vi que estaba todo nublado. A lo lejos, el arcoiris más chiquito que había visto –¡Gua! Parece presagio–. Un árbol completo se arrancó. Sabrá él mismo si fue un rayo o el viento.

Bueno, bueno, toca beber cafecito rápido para empezar a acomodarlo todo. Cuando uno está solo ¡gua! el trabajo se multiplica….

Lo que no sé es cómo mover el árbol ese. Es grande, pesado y muy astilloso. Donde está tampoco puedo picarlo porque el terreno es irregular. ¡Gua! Y este árbol feo, lleno de termitas, ni siquiera me servirá como leña. ¡Maldita lluvia!

Quienes dicen que después de la tormenta llega la calma es porque, de seguro, no han tenido que lidiar con un árbol inmenso caído, muestras el cielo sigue encapotado y el arcoiris, en vez de calmar los ánimos, parece una mueca triste allá arriba…

09 de abril de 2021

* Ver término en el DRAE

¿Comemos carne humana? Y lo que dice un sueco o suizo al respecto o lo que yo opino sobre ello, sin respeto a mis queridos lectores (sí, hay palabras muy desagradables y me encanta)

Mis Angmonios, ya saben que frecuento poco estas letras duras y amargas que reflejan mi vida, o la metáfora de muchas vidas. Les confieso que en cierto momento sentí la necesidad de ser más visceral y despegarme de lo «políticamente correcto» y darle paso a mis órganos para expresar también lo que sentían, sin velos ni sutilezas, porque la vida no es sutil. Es una mierda y ustedes lo saben (me perdonan la palabra).

A pesar de que este breve relato anecdótico lo escribí hace tiempo (abajo les confirmo la fecha), una referencia externa, la del Maestro Oswaldo Vigas, me inspiro a traerlo a mí blog personal, donde Daniela se cambia el traje por el de una Nicole Brouged más pausada y expresiva. Luego les explico por qué Vigas y les hablaré de otras cosas. Ya está bueno de escribir sandeces. A continuación, el relato.

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Hola.

Esta mañana mientras satisfacía los placeres de mi intestino, leí un encabezado que me detuvo las ganas de evacuar. Con sinceridad digo que no me atreví a darle clic a este enlace. Se trataba de que un profesor sueco proponía comer carne humana para salvar el planeta. ¡Asqueroso viejo loco!

Quiero aclararles algo: no soy ni seré jamás de esa estirpe vegetariana (ni vegana). Lo siento. Me gustan los animales para mimarlos, pero su carne es muy deliciosa. (¡Que no es doble moral, coño! Que yo no voy por la vida matando venados o conejitos). En fin, luego hablaremos de esto.

El caso es que lo que dijo el citado sueco (o suizo, vaya el Diablo a saber) es asqueroso. Una vaca come pasto. Un venado come pasto. Un conejo come vegetales. Un humano come cualquier porquería. La mente humana es tan retorcida que vemos a mujeres que pretenden defender sus «derechos» cagando en la calle como un perro (que el pobre animalito lo hace por necesidad). ¿Y qué me dicen de los anormales que morbosean con indefensas criaturitas? Y pare de contar

No, mi querido sueco/suizo o de donde tu santa madre haya tenido el agravio de parirte. Nada de carne humana. Cosas que sean criadas para ser un asco no merecen ser comidas.

Tomado de mi blog secundario (eliminado), «El Blog del Impensante», 12 de marzo de 2020 Poseo todos los derechos del texto citado.

Se fue

Desde el borde de la cama, con la espalda puesta hacia la puerta, escuché el clic que definiría mi soledad.

Mis párpados cayeron y las lágrimas resbalaron hasta el pecho. Me bañé en su sal, en la acidez de mi propio veneno.

Lo sabía, nadie más estaría a mi lado. El invierno interno había llegado por haberme atrevido a despreciar la calidez del verano.

Se fue, dejando la vida en suspenso.

Nuestro personaje

Para quienes trabajamos en la escritura y vivimos de eso, vivimos de crear personajes, vivimos de crear historias, vivimos de crear textos; llega un día en el que las palabras no funcionan de la misma manera.

Hemos creado un personaje con todas las características que debe tener. Lo medimos y lo promediamos milímetro a milímetro para que tenga la perfección que todos esperan. Lo modelamos como un figurín de arcilla en nuestras manos hasta que nos sentimos tranquilos y lo ponemos a secar bajo el inclemente sol. ¡Que brille, que se mantenga hermoso!

Nuestro personaje tiene vida. Estamos satisfechos y pensamos que es perfecto, que no hay nada que cambiarle. Pero un buen día, llegan las 4:40 de la mañana y nuestro personaje se despierta dándose cuenta de que ha sido creado, de que no es real. Mira su cuerpo y se da cuenta de que no es carne, de que solo son letras juntas, algunas de ellas mal ubicadas: hay puntos que sobran, comas que faltan, signos de exclamación que no debieron usarse, y muchos –muchos, muchos– signos de interrogación.

Entonces, nuestro personaje analiza a los otros seres que ha creado una mano invisible a su alrededor. En ese momento, comprende que hay héroes, hay villanos y que en esa historia él, o ella –lo que sea el personaje–, es solo un papel más, una pieza en esta gran historia, qué puede pasar desapercibida sin incomodar ni alterar lector.

Nuestro personaje, entonces, empieza a pensar si todo esto vale la pena. Digo, si vale la pena coexistir en un universo de drama, de comedia, donde cualquier bufón puede ser protagonista y donde el arquetipo de villano puede terminar siendo más alabado que el héroe.

Pero bien, la realidad es que nuestro personaje no puede decidir nada. Simplemente forma parte de un cuento donde todos determinan una sinergia positiva o negativa. Es un cuento, no hay más. No es que el personaje puede lanzarse de una historia a otra a su antojo porque quizás cuando crea que está cambiando de libro solo está pasando a otra etapa de la saga.

Llegan las 5 de la mañana y nuestro personaje respira profundamente; aspira la soledad de sus pensamientos, de los caracteres que componen ese pensamiento, entre puntos, comas, letras y tildes que nadie más sabe colocar correctamente.

Cede. Sus actos de bondad solo sirven como detonante para mostrar opciones del villano. Sí, sí, de ese mismo villano que alaban porque es un personaje complejo, interesante, muy cercano a lo que existe fuera de las letras.

Vivir en letras es igual a vivir en ese otro mundo llamado real; es un espejo de lo que está ocurriendo, es una autobiografía, es una novela que no importa si se publica o no porque existe, con o sin sentido, existe.

Nuestro personaje se plantea cerrar los ojos un rato más con la esperanza de que, al despertar, el tibio sol le demuestre que la narración en la que se encuentra inmerso puede tener también un lado brillante, que en algún capítulo podrá disfrutar.

Los Visitantes

Cuando Sarah escuchó el primer trueno, dejó el tambor de bordado a un lado del sillón. La hermosa orquídea en punto cruz reposaba sobre la mesita, mientras que la muchacha corría en puntas de pie a la habitación, veloz como gacela.

Era hora de sacar el cepillo de plata de la bisabuela y peinar su larga cabellera dorada. Se tiñó los labios con el cremoso tubito rosa y puso perfume en su piel.

Cayeron las primeras gotas de lluvia y luego, sin mucha espera, se soltó la masa de negras nubes sobre la tierra seca del jardín, formando charcos cada vez más grandes.

Oscuridad. Sarah lo sabía, era hora de encender algunas velas. Acomodó unas en la cocina, otras en el salón, y solo una —la más grande— junto a su cama.

Esperó. Los visitantes no tardaban en llegar. Pero el tiempo pasaba con lentitud y una hora se convirtió en una eternidad. ¡Ellos llegarían, como siempre!

Una brisa helada se coló por la ventana, esa misma ventana que había permanecido cerrada durante varios años. ¡Habían llegado! Pero… ¡No! No eran ellos. Ellos avisaban tocando la bocina del antiguo carro de la familia.

Sarah se sentó en la mecedora cercana a su cama, mirando la llama de la vela. Lento, lento, la cera se consumía al ritmo del seductor baile del fuego. Los párpados pesados y la lluvia cayendo como acordes de piano.

A la mañana siguiente, el sol había secado a tal punto la tierra del jardín que cualquiera podría jurar que nunca había llovido. Entre las cenizas, un peine de plata y una pequeña caja de madera habían sobrevivido al voraz incendio. Dentro de la caja, fotos antiguas mostraban rostros atribulados; debajo de todas esas imágenes tristes, una foto colorida esperaba ser descubierta.

El cuerpo de Sarah jamás fue hallado.

Cristales

Hay cristales en mis manos que entran en mis huesos y tejen mil capas de piel sobre mi piel hasta que mis dedos se convierten en crisálidas dormidas a la espera de sus coloridas alas.

Hay cristales en mis pies, y camino sobre ellos sintiendo la vida latiendo en cada paso, escuchando sus lamentos mientras trepan por mis venas, algunas veces lento, otras veces rápido.

Hay cristales en mi corazón y en mi estómago. Los siento en cada respiro, en cada suspiro, en movimiento de mi ser.

Pero solo son los cristales alojados en mi cabeza los únicos capaces de llegar a mis ojos y salir como gotas de sal.

¡Transfiguración prodigiosa que sana y limpia este cuerpo cansado! ¡Agua cristalina que emana de tanto dolor eterno!

En ese llanto sordo se enmudece la pena, y arrastra los hermosos cristales fuera, formando un río que espera el descanso de la risa para hacer de mí el templo sagrado que nunca abandonarán.

Yo

Volcando mi sinceridad en estas líneas, debo confesar que jamás pensé ponerle mi rostro a este blog. Bastaba dejar los retazos de mi alma desgastada.

Hace algunos días decidí dejar el link de mi blog en mi cuenta personal de Instagram, y hoy muestro mi rostro aquí.

Sé que no tengo muchos seguidores, tampoco publico con frecuencia, pero quienes me leen saben un poco de mi historia.

Con un espíritu más libre y feliz, les saludo, siendo Nicole o Daniela, como prefieran.

Interpretando un personaje para mis clases de teatro 😉🎭

Vacía

Poesía. Poesía vacía. Esa que va por la vida con sus palabras perfectas, sonoras, sensibles.

Imanes, sí. Imanes de ilusos corazones que aún esperan, mientras la fe y la paciencia va decayendo como el pulso en el enfermo.

¡No quiero más poesía! ¡No quiero más idilios! Que la vida está dura y amarga, como las limas del campo aquel donde pernocta el silencio y amanece la tristeza.

Quiero prosa, de esa con luces y sombras, con nudos y solturas, con antagonistas y desengaños.

Que mis manos me acompañan para echar por tierra el castigo o amarrarme a lo doloroso como la rosa delicado al tallo arisco.

Con una trama me conformo, algo sencillo y simple, carente de florituras y amores encendidos.

Prosa común es lo que pido y no presias vacías carentes de sentido.

Aislados

¡Qué lejos hemos ido! Con el paso de los años hemos perdido el norte. Saboreamos el plástico de nuestros corazones y vibramos con la melodía de las cornetas de los vehículos de la gran ciudad.

Poco a poco, hemos ido olvidando el aroma que desprende un abrazo sincero, la suave caricia del amor auténtico y el gozo de la diversidad.

Nos hemos creído dueños de la vida. Modificamos un cuerpo como si de arcilla habláramos; llamamos libertad al vacío disfrute de los besos de un día y nos negamos a sentir el alma del otro.

Jugamos con la tierra, con los seres, con las almas.

Creamos la destrucción…

Hoy, desterrados del mundo, implorando por un día más de vida, seguimos pensando que nuestro reino será infinito, mientras que el fin de una era nos acecha.