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Del caos a las letras

He cruzado el infierno en busca de alas y solo encontré dos pedazos de papel rasgado de algún cuadernillo olvidado. Los recogí del piso, tomé una piedra caliente. Mis dedos se quemaron, no lo niego, pero con esa piedra cargada de la culpa de miles de almas en pena pude escribir.

En esos dos trozos de papel redacté mi vida. Rifé una a una mis penas hasta que estuvieron todas dispuestas a salir, dispuestas a darse golpes y convertirse en letras.  Me permitieron unir los fragmentos de mí misma y darle paso a lo que en un futuro pudiese ser llamado arte.

Abandoné los formatos, las reglas, los dogmas y solo estuve con esa piedra y el papel, volcándome en espíritu como quien vomita hasta la bilis con tal de encontrar la salud perdida.

He decidido ser yo. He regresado a este medio sin salir de mi infierno solo para compartir con ustedes mi metamorfosis. Espero poder levantarme en medio de las cenizas y bailar, reírme de las brasas, cantar, pintar, escribir y SER. Anhelo que al final del camino estén ustedes a mi lado, celebrando los logros que juntos podamos construir.

Es por ello que los esperaré siempre con sus comentarios y aportes.

Con el mismo cariño de siempre,

Nicole.

 

Los Visitantes

Cuando Sarah escuchó el primer trueno, dejó el tambor de bordado a un lado del sillón. La hermosa orquídea en punto cruz reposaba sobre la mesita, mientras que la muchacha corría en puntas de pie a la habitación, veloz como gacela.

Era hora de sacar el cepillo de plata de la bisabuela y peinar su larga cabellera dorada. Se tiñó los labios con el cremoso tubito rosa y puso perfume en su piel.

Cayeron las primeras gotas de lluvia y luego, sin mucha espera, se soltó la masa de negras nubes sobre la tierra seca del jardín, formando charcos cada vez más grandes.

Oscuridad. Sarah lo sabía, era hora de encender algunas velas. Acomodó unas en la cocina, otras en el salón, y solo una —la más grande— junto a su cama.

Esperó. Los visitantes no tardaban en llegar. Pero el tiempo pasaba con lentitud y una hora se convirtió en una eternidad. ¡Ellos llegarían, como siempre!

Una brisa helada se coló por la ventana, esa misma ventana que había permanecido cerrada durante varios años. ¡Habían llegado! Pero… ¡No! No eran ellos. Ellos avisaban tocando la bocina del antiguo carro de la familia.

Sarah se sentó en la mecedora cercana a su cama, mirando la llama de la vela. Lento, lento, la cera se consumía al ritmo del seductor baile del fuego. Los párpados pesados y la lluvia cayendo como acordes de piano.

A la mañana siguiente, el sol había secado a tal punto la tierra del jardín que cualquiera podría jurar que nunca había llovido. Entre las cenizas, un peine de plata y una pequeña caja de madera habían sobrevivido al voraz incendio. Dentro de la caja, fotos antiguas mostraban rostros atribulados; debajo de todas esas imágenes tristes, una foto colorida esperaba ser descubierta.

El cuerpo de Sarah jamás fue hallado.

Cristales

Hay cristales en mis manos que entran en mis huesos y tejen mil capas de piel sobre mi piel hasta que mis dedos se convierten en crisálidas dormidas a la espera de sus coloridas alas.

Hay cristales en mis pies, y camino sobre ellos sintiendo la vida latiendo en cada paso, escuchando sus lamentos mientras trepan por mis venas, algunas veces lento, otras veces rápido.

Hay cristales en mi corazón y en mi estómago. Los siento en cada respiro, en cada suspiro, en movimiento de mi ser.

Pero solo son los cristales alojados en mi cabeza los únicos capaces de llegar a mis ojos y salir como gotas de sal.

¡Transfiguración prodigiosa que sana y limpia este cuerpo cansado! ¡Agua cristalina que emana de tanto dolor eterno!

En ese llanto sordo se enmudece la pena, y arrastra los hermosos cristales fuera, formando un río que espera el descanso de la risa para hacer de mí el templo sagrado que nunca abandonarán.

Yo

Volcando mi sinceridad en estas líneas, debo confesar que jamás pensé ponerle mi rostro a este blog. Bastaba dejar los retazos de mi alma desgastada.

Hace algunos días decidí dejar el link de mi blog en mi cuenta personal de Instagram, y hoy muestro mi rostro aquí.

Sé que no tengo muchos seguidores, tampoco publico con frecuencia, pero quienes me leen saben un poco de mi historia.

Con un espíritu más libre y feliz, les saludo, siendo Nicole o Daniela, como prefieran.

Interpretando un personaje para mis clases de teatro 😉🎭

Vacía

Poesía. Poesía vacía. Esa que va por la vida con sus palabras perfectas, sonoras, sensibles.

Imanes, sí. Imanes de ilusos corazones que aún esperan, mientras la fe y la paciencia va decayendo como el pulso en el enfermo.

¡No quiero más poesía! ¡No quiero más idilios! Que la vida está dura y amarga, como las limas del campo aquel donde pernocta el silencio y amanece la tristeza.

Quiero prosa, de esa con luces y sombras, con nudos y solturas, con antagonistas y desengaños.

Que mis manos me acompañan para echar por tierra el castigo o amarrarme a lo doloroso como la rosa delicado al tallo arisco.

Con una trama me conformo, algo sencillo y simple, carente de florituras y amores encendidos.

Prosa común es lo que pido y no presias vacías carentes de sentido.

Aislados

¡Qué lejos hemos ido! Con el paso de los años hemos perdido el norte. Saboreamos el plástico de nuestros corazones y vibramos con la melodía de las cornetas de los vehículos de la gran ciudad.

Poco a poco, hemos ido olvidando el aroma que desprende un abrazo sincero, la suave caricia del amor auténtico y el gozo de la diversidad.

Nos hemos creído dueños de la vida. Modificamos un cuerpo como si de arcilla habláramos; llamamos libertad al vacío disfrute de los besos de un día y nos negamos a sentir el alma del otro.

Jugamos con la tierra, con los seres, con las almas.

Creamos la destrucción…

Hoy, desterrados del mundo, implorando por un día más de vida, seguimos pensando que nuestro reino será infinito, mientras que el fin de una era nos acecha.

El silencio me habla

El silencio me habla y no puedo comprender lo que me dice. Usa un lenguaje extraño, ajeno a mí.

El silencio sabe quién soy. Me conoce por mi manera de respirar y sentir. Analiza mis pasos, mis risas, entiende que solo soy un payaso más en este circo sin carpa.

El silencio te busca en los rincones de mi mente. Me arrastra contigo a la oscuridad de una noche eterna, con los susurros muertos de nuestros pecados.

El silencio aprieta mi cuello hasta verme con el rostro azulado, hasta que mis lágrimas brotan como manantiales tóxicos que destruyen todo a su paso.

El silencio me habla de ti, de mí, del espacio infinito entre ambos. Me dice a gritos todo lo que oculto y me escribe en la piel las verdades que callo.

Historia de cuando me convertí en una vasija.

Puede que no me creas cuando te digo que soy una vasija. Sí, sí, una vasija que de una extraña manera se comunica hoy contigo.

Soy de barro (ni pienses que iba a ser una de esas cosas horribles de plástico). Soy una linda vasija de barro, vacía.

Hasta hace un tiempo, era humana como tú. Tenía dos brazos largos y una cabeza llena de ideas. Eso quedó atrás, porque hoy soy una vasija.

Si me preguntas por qué me convertí en un objeto, quedarás con la duda porque yo no lo sé. Solo recuerdo que una noche pálida me fui a la cama, y cuando salió el sol ya no era humana. Era una vasija.

Me queda el consuelo de que sirvo para algo. Quizás antes estaba tan llena de cosas que no servía tanto.El único problema es que no puedo hablar. Tampoco escribir. Me comunico contigo desde mi esencia a la tuya. Telepatía, diría alguien por ahí.

Sé que quieres saber si una vasija piensa o solo estás cayendo en la demencia. Calma. Sí pienso. Poco, pero lo hago. En estos momentos atravieso por un arrebato de humanidad. Tal vez luego sea una vasija sin pensamientos. Un objeto, en toda la extensión de la palabra.

Aprovechando lo que sospecho que sea el fin de mi mente lúcida, debo confesar que siento miedo. Ahora soy de barro y puedo caerme, partirme, volverme polvo en el suelo. Confiarán en mí para que guarde la sal o el azúcar, pero al partirme solo quedará un desastre.

Espero que cuando eso suceda ya ni pueda pensar. ¿O es que todos los objetos piensan y siempre me engañaron haciéndome creer que la humanidad es exclusiva de los humanos?

Desde aquella mañana en que me convertí en vasija ¡empecé a dudar de todo y de todos! Tal vez pronto se acaben las dudas, los miedos, los pensamientos y me transforme en una cosa, un simple traste con una limitada utilidad.

Volviendo…

Queridos Angmonios, he regresado y espero que esta vez sea para quedarme. Haré un esfuerzo para continuar leyendo los relatos de mis estimados blogueros y también para compartirles un poco de mis creaciones.

Aprovecho para invitarlos a visitar mi página de Facebook y mi cuenta en Instagram (@viviendoenletrasytinta) donde tendré contenidos nuevos y muy variados.

Ya entrando en materia, ¿qué opinan de esta hermosa frase de Platón?

Aquella luz

Aquella llama tenue que iluminaba mis pasos se apagó.

Extinguió poco a poco su esencia, opacó su existencia y con la luna un día se fugó.

Era una lucecita blanca, cálida y esperanzadora. Era una luz chica, débil, que me guiaba en los días de penumbra y zozobra.

Las amargas voces del viento le hablaron, hicieron temblar la pequeña mecha de la que se sujetaba hasta que no pudo soportar más. Y se extinguió…

Me dejó a oscuras, tanteando en el bosque del olvido, buscando mi camino, ahí me abandonó.

Me perdí. Sin aquella diminuta luz que me guiaba, me perdí. Me perdí en el sendero, me perdí entre mis pasos viejos y cansados… Me perdí de mí.

Nocturna

Queridos angmonios:

Luego de una ausencia obligada, regreso con un nuevo relato que resulta de una continuación de un fragmento que publiqué en mi cuenta de Instagram (pueden ver mis garabatos y mis fragmentos casi diarios tanto en mi cuenta de Twitter como en la de Instagram). Espero verlos por aquellos espacios sociales.

Sin más preámbulos, los dejo con mi escrito de hoy.

Nocturna, criatura nocturna
Alma perdida, sin fin el tormento
Sin esperanza, taciturna
Espera la calma del viento

Mujer, bestia de noche transfigurada
Aguarda la dulce paz del sueño
Mas llega la roja alborada
Y su vida no encuentra sosiego

Las ansias… la locura domina la estancia
Aromas mortales impregnan el lecho
De rodillas y en llanto pronuncia
Una súplica que calme su pecho

Mas no hay quien escuche su rezo
Se consume todo en dolor y lamento
Un tumulto de horas enjuician
Su destino ahora es incierto

El puñal hiere, la bestia rendida
La luna observa el acto en silencio
El mundo detiene su marcha errante
Nocturna criatura… sufrimiento eterno

Esta noche

Mírame una vez más con tus pupilas encendidas
Cual brasas en la medianoche de verano
Calienta mi alma entre tus manos
Besa todas mis batallas perdidas

Lléname de ti la noche entera
Déjame acariciar todas tus penas
Calma mis demonios con tus palabras prohibidas
Envueltas en esa voz de miel y azucenas

Recuérdame olvidarte cuando la mañana traicionera
Me obligue a dejar tu apacible orilla
Cuando los fantasmas de esta vida mía
Vengan por mí y me conviertan en quimera

Regálame un segundo de tu ocio
Dame una esperanza sin vida
Para tratar de renacer de gozo
Aunque muera luego en la desidia

Que mis versos tristes y disparejos
Resuelvan al menos una sonrisa
En esta noche en que, tan lejos,
Trato de encontrar tu alma perdida

Inspirado en un personaje de un libro que aún no he escrito.